Lionheart: El león del corazón valiente.
EPÍLOGO: " LA CIUDAD DE SCARBOROUGH "
—¡Deténgase usted por favor, baje su arma, podría hacerle daño a la niña, ella no debe ser lastimada, mucho menos manchada con sus sucias manos, escoria de Glastonbury!.—Decía el guardia, yaciendo moribundo en el suelo de la residencia Scarborough—. ¡Por favor, llévese cualquier pertenencia de esta residencia, la familia está dispuesta a darle miles y miles de libras si... —tose un poco de sangre— si usted accede a dejar la niña sana y salva!.
Él no iba a ceder, sabía perfectamente lo que esto traería para sí mismo, y más importante aún, para su hija.
—Lo siento mucho, noble guardia —dijo— pero este es mi trabajo y ya ha sido remunerado, debo cumplir con mi deber, y como usted ya sabrá, las órdenes que tenemos es no dejar rastro alguno de nuestras fechorías.
El extraño hombre, vestido con una abrigo de un tono gris claro, unos botines negros finamente lustrados, un pantalón de dril café oscuro, un fedora completamente negro y una pequeña marca de 3 lunares a la altura de su cuello, como si de una mordida o herida se tratara; procedió a llenar la habitación con un extraño líquido altamente inflamable —según su creencia—.
Siendo las 3:38hrs, su trabajo ya había terminado. La persona encargada de proteger a la niña había muerto. —Phill Jartzshiurg VII, ¡vaya nombre tan curioso para un niñero! —dijo, con un tono que asemejaba a una burla—.
Esa misma noche, el señor y la señora Scarborough, habían tenido una reunión de emergencia en la catedral, curiosamente su ciudad, para tratar el tema más importante que ha azotado a los ciudadanos en los últimos 3 meses: El secuestro, desaparición y ocasionalmente asesinato de todo hijo o hija proveniente de cualquier familia digna de Inglaterra.
—Damas, caballeros y todo ciudadano que esta noche aquí se encuentra —decía el Alcalde de la ciudad, el señor Scarborough— Como bien ya sabrán, hemos convocado esta pequeña reunión de emergencia por la seguridad de nuestras familias, principalmente de nuestros críos. Quizá a la muchedumbre de esta ciudad no le interesen estos temas, pero, a nosotros las familias dignas es de vital importancia velar por la seguridad de nuestros hijos[...]. Mientras el Alcalde procedía su largo discurso dentro de la catedral, las familias más pobres murmuraban entre ellas...
—¿Qué se creen ese montón de ricachones, políticos y grandes empresarios hablando sobre la seguridad de los niños de Inglaterra si día a día nuestros hijos pasan hambre, frío, y hasta algunos de ellos mueren por falta de atención en salubridad? —decía una madre desamparada, que había sido corrida por la guardia de la catedral—.
—Sí que hace mucho frío con la llegada del invierno, ¿no lo crees pequeña? —decía el extraño hombre, mientras con sus brazos levantaba a la niña—. Mientras el extraño sujeto preparaba su partida, el guardia había aprovechado sus últimos momentos para dejar un informe de lo sucedido en el suelo, puesto que su sangre no iba a borrarse fácilmente con el fuego. —Solamente será esperar a que mi reloj marque las 4:00 menos 1/4, y esta maldita residencia será sentenciada por la Orden —dijo—.
Se acercaba la hora de finalizar con la reunión que el Alcalde había convocado, cuando de repente, un apurado guardia interrumpe su habladuría.
—Señor, hay un serio problema; su hogar, más importante, su pequeña Ruh'si ha sido[...].
Sin dejarlo terminar, el Alcalde suspendió su reunión.
—¡Qué todo guardia que se encuentre en servicio se dirija inmediatamente a mi residencia, y el que no lo esté, que ya mismo se levante de sus ataduras y envaine su arma hacia los callejones! —dijo con un tono muy desesperado—.
—¡Cómo usted ordene, Alcalde! —respondió—.
—Así que finalmente el reloj ha decidido dar la hora perfecta para irme ¡espléndido! —decía, con un tono de alegría—. Es una lástima que tu padre no esté aquí para darte las buenas noches, pequeña; por cierto, ¿cuál es tu nombre? —preguntó—.
—M-me llamo Ruh... me llamo Ruh'Si —tímidamente respondió—. Y ¿cuál es el tuyo?
—Eres muy curiosa, igual que mi niña, pero eso lo sabrás después, tienes suerte que la Orden no me indicó que debo asesinarte —dijo, mientras le miraba a los ojos con una mirada de melancolía—.
Pasados unos cuantos minutos, el Alcalde finalmente arribó en su residencia.
—Creo es hora de irnos, tus padres ya están en casa —dijo—.
—¡Alto ahí, maldito canalla, suelta a Ruh'Si si no quieres morir maldito insecto de los bajos pueblos! —gritaba el Alcalde, con una notoria desesperación—.
—Creo, señor Alcalde, que ha llegado un poco tarde —dijo, mientras que de su abrigo sacaba un pequeño pergamino—.
El extraño hombre no parecía estar preocupado, a pesar de ser superado en número y que su única escapatoria fuese el balcón en el cual se encontraba sentado. Pero, ¿a qué se debía el haber sacado ese extraño pergamino de su abrigo?.
—Veo que usted es un hombre muy fácil de sorprender, señor Alcalde —dijo— ¿Quisiera ver mi más reciente invento?
—¡Qué sueltes a mi hija, te he dicho! —gritó—.
—Vaya que usted es un hombre que no aprende. ¿Sabe qué es lo mejor de todo, Alcalde? Que no seré yo quien use mi invento, será su pequeña hija... ¿cómo es qué se llama? —decía, mientras una pequeña sonrisa se le escapaba—.
—¡Suelta a mi querida Ruh'Si! —exclamó—.
Al pronunciar el nombre de su hija, el pergamino procedió a abrirse, liberando una gran nube de humo negro, no precisamente nocivo, sin embargo; causó desorientación en él y en sus guardias. Cuando la nube ya se había dispersado, el extraño hombre y su hija habían desaparecido.
—Se-señor Alcalde —se dirigía hacia él uno de sus guardias—.
—¿Qué quieres maldito infeliz? —respondió bruscamente—.
—Hemos encontrado que la habitación ha sido totalmente cubierta por un extraño líquido... creemos que puede ser combustible, pero su consistencia nos indica que no lo es —comentaba el guardia—.
—Tráeme un cigarro, por favor —refunfuñaba el Alcalde—.
Sin haberse percatado, el Alcande empezó a fumar su cigarro en una habitación totalmente inflamable, caminaba de un lado para otro sin decir ninguna palabra, pensando en cual sería su paso a seguir, qué sería de su hija y cómo lidiaría con la constante desaparición de niños en la ciudad.
—¡Señor Alcalde, apague ese cigarro en este instante! —gritaba a lo lejos un guardia—.
Acto seguido, el Alcalde respondió a su cometido, tirando el restante a la entrada del balcón de la habitación.
—Es una especie de aceite, señor Alcalde, su aroma ha sido modificado para que parezca otra cosa —aseguró el guardia—.
—¿Dijiste... aceite...? —respondió—.
Enseguida que el cigarro cayó al suelo, la habitación prendió un fuego altamente de color azul, el cual calcinaba todo a su paso. El guardia que acompañaba al Alcalde logró retirarlo de la habitación a tiempo, sin embargo sufrió quemaduras graves en ambas piernas causando su desmayo casi instantáneamente.
Un humo negro empezaba a expandirse por toda su casa y los callejones, sus vecinos optaron por evacuar sus residencias y dejar que el fuego consumiese todo lo que debía. Curiosamente, solamente la habitación de la pequeña Ruh'Si terminó completamente calcinada, ni las demás habitaciones ni las residencias vecinas resultaron afectadas.
En ese momento fue, cuando la sangre del guardia Phill Jartzshiurg VII resaltaba de un rojo vivo cerca a sus restos, con un mensaje que claramente decía: "La Orden... ha sido obra de La Orden, ha sido Lio...". Lamentablemente para el alcalde, el fuego logró calcinar el resto del informe.

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